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Tras varias décadas vinculado al mundo musical latino de Estados Unidos, el timbalero
Willie Rosario optó por radicarse en Puerto Rico, convirtiéndose en una de las figuras
salseras más productivas y solicitadas de la década del 70 y 80.
Su opción de mudarse a la Isla, asegura, estuvo motivada por una combinación de
factores familiares e intereses comerciales.

"Yo no quería que mis hijos se criaran en Nueva York, no me gustaba ese ambiente para
ellos y prefería que crecieran aquí. Además, cada vez que me encontraba con la Sonora
Ponceña y El Gran Combo me contaban que mi música se escuchaba mucho en Puerto
Rico y que había mucho trabajo, entre fiestas patronales y graduaciones", sostiene.

De esa manera, el músico se instaló en su patria acompañado de su orquesta, y al cabo
de unas semanas regresó a la "Gran Manzana" para cumplir con varios compromisos,
momento en que su cantante, Chamaco Rivera, le indicó su interés de no regresar a la
Isla, siendo reemplazado por Junior Toledo.

"Junior era el cantante nacido para la orquesta y es cuando nos levantamos bien y la
cosa se puso fuerte", acota.

El primer trabajo de esta nueva era de la orquesta fue "Infinito" (1973), al que le siguió
"Otra vez" (1975), consagrados por los éxitos "Juventud siglo 20" y "Casualidades",
respectivamente.

A partir de ese momento, el veterano percusionista destacó en sus producciones
discográficas a más de un cantante, incorporando la participación de Bobby Concepción
y Guillo Rivera, con quienes produce "Gracias mundo" (1977).

Empero, las siguientes producciones de la orquesta, "From the Depth of my Brain" (1978)
y "El rey del ritmo" (1979), no contaron con la participación de Concepción.

Diferencias entre Willie Rosario y Junior Toledo, que el líder de orquesta atribuye a
problemas de disciplina, desembocaron en la salida del cantante, quien, dice Rosario,
alentó la renuncia del grupo de su contraparte Guillo Rivera para desencajar lo que había
sido hasta el momento una fórmula ganadora.

Justo en ese momento se incorporó en el grupo al joven cantante Tony Vega, que hasta
entonces había participado en la orquesta de Raphy Leavitt y La Selecta.

"Junior (Toledo) y Guillo (Rivera) se van un jueves del grupo y al otro día estábamos
tocando en Canóvanas. Llamé a Tony Vega y también me comuniqué con Bobby
Concepción y Chamaco Rivera, que en esos días estaba en Puerto Rico, y así nos
estuvimos defendiendo un par de semanas, hasta que le hablé a (Gilberto) Santa Rosa",
cuenta el líder de la banda.

El primer álbum al mando de Tony Vega fue "El de a 20 de Willie" (1980), en el que
también grabó Bobby Concepción y que logró éxito con el tema "Mi amigo el payaso".
Luego, en 1981, la orquesta despuntó con el binomio Tony Vega y Gilberto Santa Rosa,
en una periodo de cinco años colmado de fama y que se consignó en las producciones
"The Portrait of a Salsa Man", "Atízame el fogón", "The Salsa Machine" –el último en el que
participó Bobby Concepción–, "Nuevos Horizontes", "Afincando" y "Nueva cosecha", en el
que se une como vocalista Pupy Cantor.

Esa fue la época gloriosa de "Botaron la pelota", "Lluvia", "Busca el ritmo", "Negrita linda"
y "El antifaz", entre más de una decena de consabidos éxitos.

A partir de 1987, la salida de Tony Vega y Gilberto Santa Rosa maró un derrotero nuevo
para la banda del también conocido "Mr. Afinque", quien mantuvo su proyecto musical
con la participación de Pupy Cantor y Josué Rosado, para más adelante integrar a Primi
Cruz (responsable del éxito de "Anuncio clasificado"), Bernie Pérez, Henry Santiago, Rico
Walker y Ángel Luis Vergara.
LOS AÑOS DORADOS DE WILLIE  ROSARIO  
Aunque la salsa no ha tenido una popularidad demasiado grande en Los Angeles, parece que la urbe se guarda mas de un secreto bajo la manga.
En los últimos años, las orquestas dedicadas al género han empezado a proliferar en el Sur de California, y los clubes nocturnos se encuentran cada vez más interesados
en incluir a esta clase de artistas en sus programas, además de ofrecer clases de baile a todo el que se encuentre interesado.

La muestra más reciente de ello es el éxito que tuvo el Festival de Salsa de L.A. que se llevó a cabo el sábado en el Teatro Griego.
El concierto ofrecía un cartel verdaderamente impresionante para cualquier seguidor del género, ya que prometía que se encontrarían sobre la tarima representantes tan
notables como Willie Colón, Oscar D' León, India, Ismael Miranda y Cheo Feliciano.

La excusa del evento era celebrar la vida y la obra de Héctor Lavoe, el afamado sonero boricuacuya complicada existencia fue retratada recientemente en la fallida película
El cantante, protagonizada por Marc Anthony y Jennifer López.

El filme tuvo una recepción bastante negativa por parte de los críticos y de los amantes de la música afroantillana, pero sirvió aparentemente de inspiración para la
realización de este tributo en vivo, ya que este año no se cumple aniversario alguno en relación al artista (que nació en 1946 y murió en 1993).

Pero el tema El cantante —no sólo el pilar musical de la cinta, sino también uno de los cortes más conocidos y celebrados de Lavoe— no se interpretó durante la velada
del sábado, aunque el programa que se había entregado a la prensa aseguraba que Feliciano se encargaría de él.
El ligero retraso con el que se inició el espectáculo justificó que se redujera ligeramente el número de canciones interpretadas (todas del repertorio de Lavoe), pero llamó
la atención que se excluyera a la composición de Rubén Blades.

Y es que la noche parecía pertenecerle no sólo a Lavoe, sino también a su principal colaborador, Willie Colón, quien llegó al escenario no sólo para tocar el trombón, sino
que cantó con excelente entonación algunas de las piezas más impactantes del repertorio del desaparecido artista, incluyendo una vibrante rendición del clásico Juanito
Alimaña.

Debido a cuestiones de tiempo (y probablemente de presupuesto) , los soneros no llegaron al Griego con sus propias orquestas, ni siquiera en el caso de D'León, que no
suele separarse de sus músicos.

Hubo una agrupación estable para todos, conformada por competentes instrumentistas puertorriqueñ os —entre los que se encontraba el veterano Yomo Toro (de 74
años) en el cuatro— y encabezada por Isidro Infante en los teclados y en la dirección.

Colón es conocido sobre todo por su labor como director de orquesta y creador del típico sonido neoyorquino que se basa en el empleo de los trombones como
instrumentos principales (en vez de la flauta y de la trompeta que destacaban en los combos cubanos). Eso hacía necesario implementar algunos cambios en la
formación disponible durante su acto.
Por eso, el músico nuyorican llevó al escenario a dos de sus trombonistas, para efectuar con ellos una poderosa sesión de solos que sirvió como préambulo para la
interpretació n de otra pieza esencial de Lavoe: La murga.

Por su lado, e incluso sin la presencia de sus instrumentistas, Oscar D'León (el único cantante no puertorriqueñ o del concierto) se las ingenió para imponer su sello
personal en un memorable set que lo mostró en excelente estado vocal y físico, a pesar de que hace cuatro años sufrió tres infartos.

Completamente recuperado, D'León efectuó unos impresionantes y contundentes pasos de baile durante la interpretació n de Mentiras; y para ratificar su fama de
mujeriego, tuvo un coqueteo sumamente directo con una de las esculturales bailarinas que ocupaban el entarimado.

D'León se dio además el lujo de interpretar casi a capella varias composiciones del folklore latinoamericano, incluyendo La flor de la canela, de Perú; El Rey, de México; y
Quisquella, de República Domnicana. Después de eso, invitó a cada uno de los integrantes de la orquesta a la parte frontal del tabladillo para que ofrecieran al público sus
propios solos.

Durante la primera hora del evento, Ismael Miranda puso de pie a todo el mundo con una enérgica versión de Todopoderoso en la que hizo gala de su buen estado vocal y
de su caballeroso porte.

Cheo Feliciano, que tiene ya 72 años, sí mostró involuntariamente el paso del tiempo en su maltratada garganta cuando se encargó de Todo tiene su final.

Pero destacó en contraparte debido a su enorme experiencia, su innegable carisma y su generoso sentido del humor. Tras manifestar su admiración por una supuesta
orquesta ideal de músicos ya fallecidos que se encuentra en el cielo, agregó: "Los quiero mucho, pero no me llamen todavía, por favor".

No se extrañó tampoco la presencia femenina. India llegó al estrado con todos los excesos vocales y la energía desmedida que la distinguen, para darle un pintoresco aire
de R&B a Aguanilé; y la poco conocida (por acá) Victoria Sanabria sorprendió a la audiencia con su voz mesurada pero encantadora durante la presentación de Canto a
Borinquen, donde contó con los invalorables solos del gran Yomo Toro.
Noche Para Lavoe (y Colon)  Ya Son Cuatro las péliculas sobre Hector Lavoe